Por Miguel Serio




Hobbies
Hay una verdad que aprendí con los años: la mente que nunca descansa, eventualmente falla. Los mejores negocios que he cerrado no nacieron frente a una pantalla — nacieron después de un buen partido de tenis, a 18 metros bajo el agua o sobrevolando un paisaje que te recuerda lo pequeño que eres y lo grande que puedes aspirar a ser. Mis hobbies no son un lujo ni una distracción. Son parte de mi disciplina.
Buceo
El buceo llegó a mi vida como un accidente y se quedó como una necesidad. La primera vez que bajé a diez metros y el mundo de arriba desapareció, entendí algo que ningún libro de negocios me había enseñado: el control de la respiración es el control de todo lo demás.
Bucear me exige preparación rigurosa antes de cada inmersión — revisar el equipo, conocer las condiciones del mar, confiar en mi compañero de buceo. No hay margen para la improvisación descuidada. Eso es exactamente lo que llevo a mis proyectos inmobiliarios: ningún detalle es menor, ningún paso se salta.
Tenis
El tenis es el deporte que más me ha enseñado sobre el carácter. Es un juego que se juega solo — no hay a quien culpar cuando las cosas salen mal. Cada error es tuyo. Cada punto ganado también. Esa responsabilidad individual me encanta porque refleja exactamente cómo entiendo la vida profesional: yo soy responsable de mis resultados.
Golf
El golf es el deporte más honesto que conozco. No puedes fingir en el golf. El marcador no miente, el campo no negocia y el viento no hace excepciones. Cada ronda es un ejercicio de humildad radical — y eso, para un empresario, es un regalo extraordinario.
Arquitectura
La arquitectura no es solo un hobby para mí — es el lenguaje visual de todo lo que hago profesionalmente. Como desarrollador inmobiliario, vivo rodeado de espacios, planos y proyectos, pero mi fascinación por la arquitectura va mucho más allá del negocio. Es una pasión estética y filosófica.